El diseño, origen del desarrollo web

Diseño gráfico

Una imagen vale más que mil palabras… y aún así, no nos lo acabamos de creer. La importancia del diseño es vital en el mundo digital. La primera impresión es la que cuenta y si el sitio que visitamos es suficientemente atractivo quedará grabado en nuestras retinas, haciendo que volvamos de manera reiterada.

Cuando trabajamos en un nuevo proyecto, el tema del diseño suele quedar en un limbo de ambigüedades. El cliente quiere una web atractiva, pero normalmente no sabe, o no entiende, cuáles son los estilos más adecuados. Suele hacer referencias a otros sitios que visita con asiduidad (y a los que está muy acostumbrado) e indica cosas que le gustan; y poco más.

Aunque el diseño puede no ser lo más importante de una aplicación (quizás lo sea más el contenido o el desarrollo), el aspecto visual puede llegar a marcar la diferencia entre la satisfacción y/o el descontento del cliente.

Como venimos señalando en estas entradas, el diseño forma parte del eje básico de todo trabajo digital: diseño, desarrollo y contenidos.

Al iniciar cualquier proyecto, solemos presentar un boceto (o dos, o tres…) de cómo quedaría visualmente la web, y sobre ese boceto el cliente marca su acuerdo o disconformidad y marca elementos de cambio.

Por experiencia, en la mayoría de los casos ese boceto no permite que el cliente se haga una idea clara de cómo quedará realmente la web. Te proponemos un listado de buenas prácticas que facilitarán el comienzo del trabajo y asegurarán un acabado al gusto de todos.

1) Utilizar un pequeño cuestionario para sondear los gustos del cliente. Podremos averiguar cuáles son sus colores preferidos (a no ser que vengan dados por la imagen corporativa), si le gustan los diseños recargados o minimalistas; el dinamismo o los elementos estáticos; cargas compositivas densas o ligeras; etc.

2) Mostrar ejemplos de otros sitios, estilos artísticos y visuales, etc. Le mostraremos tendencias de vanguardia, modernismo, cómic, pop art, op art, happening, tachismo, etc. Esto nos permitirá sondear sus gustos con mayor claridad.

3) Presentar un mínimo de dos bocetos radicalmente distintos. Así lograremos hacer pensar, eliminar ideas preconcebidas, remarcar la importancia de pensar en un diseño adecuado, que se ajuste a las necesidades del trabajo.

4) Más que un boceto. Y no vale con hacer dos esbozos, es conveniente detallar elementos gráficos más allá del diseño general; el planteamiento de distintas páginas, de un formulario, de una cabecera, de un menú, de fuentes, colores, iconos, etc.

5) Concretar conceptos. Es importante descubrir qué entendemos cada uno por elegante, dinámico, limpio…, conceptos manidos que deben ser matizados para evitar malentendidos.

6) Definir el tipo de web que quiere. El diseño estará también ligado al resto de necesidades. Puede que nos guste el estilo minimalista y los grandes “blancos”, pero que nuestro proyecto esté sujeto a necesidades tales como una gran carga de contenidos y una actualización constante. Un volumen importante de información demandará un formato portal; por contra, si apenas tenemos contenidos, incidiremos en el aspecto visual, con una web mucho más corporativa.

Por último, debemos tener claro que no todo el mundo tiene los mismos gustos, ni la misma sensibilidad. Aunque el cliente siempre tendrá la última palabra, es importante que sepamos hacerle ver la importancia de la consultoría; si te contratan un trabajo como profesional, como profesional deben tratarte y confiar en tu criterio.